Cruzar las vías

(Por Franco Caruso*.)

No fue un domingo más. Temprano se cocinaron las tortas que más tarde serían repartidas en bandejas por toda la plaza.

Pasar por Los Aromos y hacerles un lugar en el asiento de atrás, entre zurdos y parlantes, a Sofía y Renzo. Atravesar el barrio entre charlas y ansiedades – Las conversaciones entre niño/as y adultos me fascinan, son esa especie de amalgama entre conceptos y hechizos mágicos -. Desacelerar casi como en un ritual para cruzar esas vías que se muestran divisorias. Cruzar las vías sin dejar de hablar, de reír, sin dejar que el acero nos corte. Mantener ese realismo mágico de niño-adulto para que Macondo borre, por un instante, el desnivel de los rieles.

No fue un domingo más. Mientras se preparaba la toma de la plaza, en la casa de Mar un pez nos miraba ajeno, desde la pecera apoyada en la cola de un piano. Los Cruzas se visten. Las Cruzas se cambian, pero no tanto. Las diferencias enriquecen, las diferencias de un grupo que tiene tantas cosas tan distintas para decir. Un grupo que elige al grupo para contarnos todo. Y el pez anaranjado que nos despide, otra vez en su soledad de pecera, cuando al fin nos vamos.

No fue un domingo más. La Plaza Italia se llenó de banderines y banderas. Mientras el sonido se armaba, los vecinas se iban acercando. Reposeras, equipos de mate. Algunas personas-personajes bandejeaban tortas por toda la plaza, invitando a las vecinas a sumarse, a los vecinos a acercarse. Un poco más allá Cruzavías repasaba y en un desorden ordenado todos sabíamos que teníamos para hacer algo, todas hacíamos nuestra partecita para que, al fin, la escena empezara.

No fue un domingo más. Fue un círculo hecho por una diversidad de iguales y, en el centro equidistante, un grupo de Cruzavías que nos invitaban a ser parte.

No fue un domingo más. Hubo sol. Éramos muchos, éramos muchas y hacíamos grupo. Estaba el arte que llega hasta adentro y mueve fibras. Nos encontramos en la Plaza y nos invitamos a despertar, a hacernos cargo de nuestros pasos, a volverlos pasos colectivos.

Hoy quiero vernos en la Plaza de nuevo. Quiero que se siga cubriendo las vías con un manto de Macondo. Quiero que el cruce colectivo sea plaza con mate, rap, poesía, fotografía, teatro y torta rica. Quiero jóvenes que no se callen. Quiero, ¡y más que nunca lo quiero! que siga siendo domingo, aquel domingo.

 

(*) Docente, padre, compañero y cruzador de vías.