Colaboradores: José Manuel Groesman

DSC0200938 años  //  Licenciado en Administración y Gestión Educativa  //  Rector del Colegio Marianista San Agustín  //  Director del Nivel Secundario

MENSAJE ACTO OFICIAL DIA DE LA INDEPENDENCIA

“El bienestar del país, es incompatible con los intereses creados, provengan de donde provengan”

Buenos días, a todo el público presente, autoridades municipales y educativas, docentes, alumnos, familias, miembros de instituciones públicas en general. Las presentes palabras no son una verdad absoluta, sino pensamientos para compartir en esta mañana.

Nos encontramos reunidos aquí, para conmemorar la independencia de la Nación Argentina. Cuando el calendario de un nuevo año nos indica detener nuestra marcha para recordar, haciendo memoria, nos invade un rapto de patriotismo. Si nos apoyamos en las palabras de José Ingenieros, este patriotismo surge naturalmente de la afinidad entre los miembros de un pueblo. No lo impone la obediencia a la misma ley (que debemos respetar aunque ella afecte mis intereses personales o del grupo o de la empresa), ni el imperio de la misma autoridad. La memoria conlleva  la dimensión de la promesa que la proyecta hacia el futuro. Cuando hacemos memoria, estamos afirmando lo real de nuestra existencia y nuestra pertenencia a un pueblo que camina.

El bienestar del país, es incompatible con los intereses creados, provengan de donde provengan. Este bienestar necesita inspirarse en nuevas ideas, necesita despertar con energía, extinguir el parasitismo, estimular la iniciativa, desenvolver la cooperación. Así como todo hombre aspira a ser alguien en su familia, toda familia en su clase, toda clase en su pueblo, aspiremos también a que nuestro Nación Argentina sea alguien en la humanidad.

Para ello, el primer paso es hacernos cargo que hoy somos lo que somos, por lo que hacemos cada día, por nuestras actitudes y aptitudes cívicas, por nuestra responsabilidad bien asumida al estudiar y al trabajar. Debemos hacernos cargo, que somos parte de una sociedad fragmentada que ha cortado sus lazos comunitarios. Hoy se busca satisfacer el propio YO de la persona, el disfrute a cualquier precio. Hoy la vocación – profesión ha dejado de ser un acto solidario, una entrega a una causa, un compromiso con el otro, que es mi hermano, mi conciudadano.  En esta realidad globalizada, me pregunto cómo encontrar el equilibrio entre no ser profetas del aislamiento, ermitaños localistas, ni descerebrados y miméticos pasajeros del furgón de cola, admirando los fuegos artificiales del mundo de los otros, con la boca abierta y los aplausos programados, como afirmaba el por entonces Cardenal Bergoglio en su libro “La Nación por Construir”.

Frente a este acontecimiento de la independencia, podríamos preguntarnos ¿qué tipo de sociedad queremos? Martín Fierro orienta nuestra respuesta al invitarnos a darle forma al deseo de una sociedad donde TODOS tengan lugar: el comerciante de los grandes centros urbanos, el gaucho del litoral, el pastor del norte, el artesano del noroeste, el aborigen y el inmigrante. Se trata de sentarse a partir el pan y de animarse a vivir de otra manera, más allá del sistema, más allá de las imposiciones sin sentido, más allá de los sometimientos, más allá de las esclavitudes de la postmodernidad. Pero para todo esto, necesitamos refundar los vínculos, respetar las diferencias, ejercer el diálogo y la discusión que construye, no que destruye. Necesitamos aprender que nuestra historia no se llama “Voy hacer todo de nuevo”, “Nada sirve” “está todo mal”. Nuestra historia debe ir tejiéndose con el que pasó, el que está y el que vendrá. Aprender que lo bueno puede mantenerse y profundizarse y lo malo puede mejorarse. Si siempre para construir, tendemos a voltear y pisotear lo que otros han hecho antes ¿cómo podremos fundar algo sólido? Necesitamos aprender a sentirnos parte de un proyecto compartido y que la autoridad que cada uno posee no es para provecho propio, al contrario, viene con la obligación de servir al bien común. Mientras no pongamos en práctica este principio en cada una de nuestras situaciones: desde la oficina, desde la escuela, desde los órganos legislativos y ejecutivos, desde el directorio de una empresa, desde el banco, desde el comercio, en fin desde el lugar que cada uno ocupe, no seremos independientes de nuestro interior, de nuestra conciencia, de nuestros derechos y deberes. Mientras no erradiquemos de nuestra idiosincrasia el “salvarse y zafar”, “la plata trae la plata” “Nadie se hizo rico trabajando”…no podremos dejar de lado uno de los peores actos no éticos del hombre: la corrupción. Esta acción no nos ayuda a ser independientes y corrupto no solo es el político, lo somos cada uno de nosotros cuando también con nuestras acciones diarias alimentamos este mal que carcome nuestra dignidad.

Uniendo el pasado (9 de Julio de 1816), cercanos al bicentenario de la independencia, es decir conectándonos con nuestro presente y futuro próximo, la HISTORIA nos regala la oportunidad de tener una mirada holística, integral, de tomar posición. Si así lo hacemos, estimulados por el testimonio de los próceres del pasado, podremos comenzar a sentirnos “próceres” (entre comillas) nosotros, podremos descubrir que a nuestro alrededor hay más vida que muerte, hay muchas personas que en silencio, sin grandes titulares en los medios, sostienen y construyen nuestro SER NACION. Muchas gracias.