Colaboradores. Hoy: Ana Inés Sendoya

NANE 2Ana Inés Sendoya

Abogada

Presidente de la Asociación de Abogados de 9 de Julio Secretaria de la Asociación Cultural Nuevejuliense

Integrante del Grupo de Teatro de Cáritas

 

¿Somos solidarios?

Actualmente la palabra solidaridad ha recuperado popularidad y es muy común escucharla en varias esferas sociales. Es una palabra positiva, que revela un interés casi universal por el bien del prójimo.

Este resurgimiento casi global del sentir solidario se puede imputar a la conciencia cada vez más generalizada de una realidad internacional conjunta, de un destino universal, de una unión más cercana entre todas las personas y todos los países, gracias al fenómeno denominado GLOBALIZACION.

La globalización ha traído una visión más conjunta del mundo a todos los hombres; los niños en Ruanda no se sienten tan lejanos, los cañones de Medio Oriente también aturden nuestros oídos, el terremoto de Japón también nos sacude… Estos sentimientos que muchas veces arroja nuestras conciencias y desvía nuestras miradas hacia un país lejano tal vez arranque de nosotros la capacidad de observar las necesidades de los seres humanos que sufren a nuestro lado todos los días. La solidaridad es una palabra de unión. Es la señal inequívoca de que todos los hombres, de cualquier condición, se dan cuenta de que no están solos y de que no pueden vivir solos.

Es la sociedad el modo en que se refleja la solidaridad ¿Para qué somos sociales si no es para compartir las cargas, para ayudarnos, para crecer juntos? La SOLIDARIDAD no es tarea de santos, de virtuosos, de políticos, ES TAREA DE HOMBRES. Estamos unidos, aun cuando no somos concientes de esa realidad; nos une el paisaje, la carne y la sangre, nos unen el trabajo y la lengua que hablamos. La solidaridad habla, llama, grita, afronta el sacrificio y así, la carga del prójimo se hace a veces más grande que la nuestra. Hay necesidad de una solidaridad verdadera, una exigencia de justicia y un llamado urgente de caridad universal. La solidaridad trasciende a todas las fronteras: políticas, religiosas, territoriales, culturales, etc. para instalarse en el hombre, y hacer sentir en nuestro interior la conciencia de una “familia” al resto de la humanidad. La solidaridad implica afecto: la fidelidad del amigo, la comprensión del maltratado, el apoyo al perseguido, la apuesta por causas impopulares o perdidas, todo eso puede no constituir propiamente un deber de justicia, pero sí es un deber de solidaridad. El ser humano es solidario cuando siente que es necesario y vale la pena participar activamente en la construcción de un mundo más justo y sostenible, pero que también cree que se deben atender las necesidades de las personas que están en una situación más vulnerable. Momentos de crisis como la que hoy atravesamos como argentinos son la mejor ocasión para reafirmar la madurez de nuestra solidaridad. Dijo nuestro Papa Francisco “Vivimos en una sociedad de la información que nos satura indiscriminadamente de datos, todos en el mismo nivel, y termina llevándonos a una tremenda superficialidad a la hora de plantear las cuestiones morales. Se vuelve necesaria una educación que enseñe a pensar críticamente y que ofrezca un camino de maduración en valores. Educar en la solidaridad significa entonces educarnos en la humanidad. Apoyar y proteger a la familia para que eduque en la solidaridad y en el respeto es un paso decisivo para caminar hacia una sociedad más equitativa y humana”. La solidaridad es una virtud social que debemos cultivar como pueblo, para que las actitudes de toda la sociedad estén imbuidas de un profundo espíritu de compromiso con el bien común, apartándonos de posturas egoístas, superando la indiferencia y generando actos cotidianos de servicio y cercanía con las realidades de las personas y comunidades más desfavorecidas. A menudo no sabemos exactamente de qué manera concreta podemos materializar nuestro espíritu solidario, por eso me permito recordar que este próximo fin de semana (7 y 8 de junio de 2014) se realiza la colecta anual de Cáritas bajo el lema “COMPARTIR ES AMAR. POBREZA CERO”, todos tenemos ahí la oportunidad de ofrecer un gesto concreto de solidaridad. La solidaridad se convierte en una virtud al transformarse en participación.