Chispas peligrosas

tapa626 - copiaLos quemacoches y su mapa del delito: Entre febrero de 2010 y lo que corre de 2014 se incendiaron alrededor de 17 vehículos, en su mayoría, se presumen, han sido actos intencionales.

El primero de ellos, tiene su antecedente a fines de febrero de 2010 con el incendio de una moto. Sin embargo, a medida que pasó el tiempo una pequeña «travesura» parece haberse convertido en un hábito perjuicioso cuando no adictivo que se incrementa a pasos agigantados. Se incrementa en números, en osadía y en tamaño de los vehículos a dañar (puesto que entre los dañados se incluyó un camión) y los tiempos, que cada vez se hicieron más cortos, entre un ataque y otro.

Uno de los hechos más misteriosos fue el que sucedió el 30 de agosto de 2013. Cuentan que, una vecina del barrio Democracia (ubicado sobre Acceso Perón y Rio Negro), se levantó alrededor de las 4 de la mañana para esperar que retire un familiar una encomienda para llevarla a su hijo estudiante en La Plata. Entonces divisó una fuerte luz desde su ventana, inusual por ese sector y por esas horas. Cuando se asomó vio que un auto estaba estacionado muy cerca de la esquina y a una distancia pronunciada del cordón, más de un metro y que se estaba incendiando. Automáticamente llamó a Bomberos y a la Policía. Lo misterioso del siniestro es que a diferencia de los demás hechos de estas características, ese auto no se encontraba estacionado allí ni pertenecía a ningún vecino de la zona.

El sábado pasado otro auto se prendió fuego. y resurgió el tema de la posibilidad de existen, también en la ciudad, esta nueva modalidad de delito cuyos actores son llamados quemacoches. Esta vez fue alrededor de las seis de la mañana, y se trató de un fiat Spazio que estaba estacionado en Alsina y Edison.

El modus operandi parece ser similar a la mayoría de los casos anteriores: alrededor de 9 hechos aislados en 2013 y tres durante finales de 2012 y tres durante 2010.

Los sucesos transcurren repetitivamente y tienen como escenario distintos puntos de la ciudad. Por lo general ocurren (o se provocan) durante adelantadas horas de la madrugada especialmente los fines de semana. Los siniestros ocurren tanto a autos abandonados como estacionados en la vìa pública. El modus operandi es también similar: rompen un vidrio delantero y tiran una bomba molotov o algo similar que provoque el fuego que, generalmente comienza, en los asientos delanteros.

El tema es recurrente y ahora se torna preocupante. A punto tal que hace unas semanas el nuevo comisario, Sergio Rainoldi aseguró que pondrá un énfasis especial en la investigación de estos delitos. Y desde la subsecretaría de Seguridad Ciudadana tratan de hacer su parte retirando los autos abandonados que se encuentran en distintos puntos de la ciudad. Aseguran que son un potencial riesgo para vecinos. Sin ir más lejos, durante el último operativo de tránsito que se realizó entre el 10 y el 16 de febrero la policía junto al personal de tránsito sacó 12 autos en circulación de las calles. Todos estaban abandonados en la vía pública con la previa identificación de sus propietarios.

 

 

La moda de los quemacohes parece expanderse por el interior de la provincia de Buenos Aires. Primero una creatividad delictiva capitalina, luego una emulación en el interior. Este tipo de actos vandálicos parece acentuarse durante los últimos meses, al igual que en otras localidades de la provincia, aunque a menor escala. En Junín , por ejemplo, a mediados de junio de 2013 ya habían sucedido seis hechos vandálicos. Las autoridades al igual que aquí, aseguraban que se trataban de casos aislados y que de ninguna manera se puede hablar de “bandas organizadas” para cometer este tipo de delitos.

¿Nueve de Julio enfrenta también al flagelo de los quemacoches?

Distintos puntos del país, especialmente las grandes ciudades como La Plata, Buenos Aires y otras provincias como Tucumán, sucumben ante estos actos de vandalismo. Grupos generalmente de jóvenes, que muchas veces se autoproclaman como una banda antisistema , explican que su objetivo es «la destrucción de los coches y las propiedades de los burgueses. (…) Todos creen y están seguros de que todo sigue igual, pero hay individuos que estamos hartos», aseguraron. Estos grupos prometen expandir los ataques a varios barrios de las grandes ciudades.

La sospechas generales apunta a grupos de desestabilizadores sociales cuyo único objetivo es el de alterar la tranquilidad social. Un grupo que se autoadjudicó los atentados en Capital Federal recientemente se hace llamar «Liberación de la tierra». Sin embargo, a estas bandas se suman otras, generalmente juveniles, que producen estos daños únicamente «por maldad».

En Nueve de Julio a estos 10 incidentes esporádicos que alcanzaron difusión mediática, se suman también otros, que de menores dimensiones, muchas veces ni siquiera alcanzan a ser denunciados. Como el ejemplo de camionetas y autos que fueron atacados a través de una especie de bombas molotov caseras, realizadas con alcohol fino, una tela y una botella generalmente de gaseosa.

El de los quemacoches es un misterio bizarro en las grandes ciudades y parece llegar ahora también a las pequeñas. . Sería una noticia para tomarse con sarcasmo y humor, si no fuera porque detrás de los ataques hay personas reales que amanecen todos los días con sus autos quemados y otras muchas que no descansan tranquilas pensando que les puede tocar esta vez a ellos.

El modus operandi de los agresores es siempre el mismo: atacan por la madrugada, muchas veces durante los fines de semana, siempre de manera rápida y sin dejar huellas. Para perpetrar los atentados suelen utilizar alcohol fino, con el que bañan las carrocerías y luego propagan el fuego. La otra opción es mediante bombas molotov caseras que arrojan debajo del motor o dentro de ellos, previo romper sus vidrios, lo que produce una inmediata explosión.

¿Moda cruel? Así como en una época estaba «de moda» prender fuego los timbres en las casas particulares, ahora parece que la osadía duplicó su apuesta por otro modo de delinquir más cruel. La incógnita es hasta dónde llegará la audacia y, si alguien, logrará poner el cascabel al gato (al menos en materia de autos estacionados en la vía pública).