Chapecoense, una fábrica de ilusiones

t_cye1jo(Por Patricia Gorza)

La semana fue intensa: ganamos por primera vez la Copa Davis, murió  Fidel Castro y por último la tragedia de Chapecoense.

Pareciera que las horas de tenis del domingo fueron hace ya un largo tiempo, toda esa alegría y emoción que nos regaló  el equipo argentino de la mano de Del Potro de repente se esfumó como por arte de magia. La realidad nos sacude con cosas tan contundentes y tan distintas con horas de diferencia que se hace muy difícil poner la cabeza en frío para poder escribir de lo que uno tenía planeado… Sin dudas cuando la muerte irrumpe ocupa todo y nos deja entumecidos en un silencio incómodo del cual no nos resulta fácil escapar.

Por eso, hoy no es posible escribir sobre otra cosa y no es la muerte de Fidel Castro la que nos deja consternados, ya que el señor tenía  90 años muy bien vividos no caben dudas, y la historia se encargará de ponerlo en el lugar que corresponda como lo ha hecho con todos los personajes políticos a lo largo y ancho de nuestro planeta. Cualquier opinión hoy no sería objetiva ni con Fidel, ni con el pueblo cubano, ni con quienes lo amaron ni  quienes lo odiaron. Solo el tiempo podrá.

Chapecoense… para países como los nuestros, en esta América Latina tan desigual, el deporte en general y el Fútbol en particular es una fábrica de ilusiones donde todos los pibes pueden soñar con copas, trofeos, pases y gloria. Una Fábrica de ilusiones que no tiene limitaciones geográficas, ni sociales, ilusiones que nacen en la cancha en cada entrenamiento, que se van templando en una dirigencia que hace malabarismos para sobrevivir a las adversidades económicas por las que atraviesan año a año. Ilusiones que se alimentan de la hinchada que alienta sin descanso, de las rifas para comprar las camisetas nuevas, del acompañamiento de las familias que empujan como pueden con lo que pueden. Atrás de Chapecoense hay una historia que es similar a la de cada uno de nuestros clubes, por eso nos duele tanto, aunque la mayoría de nosotros no tenía idea de la existencia de este equipo de Santa Catarina,  el luto lo vivimos en cada rincón de América Latina, nos une el Fútbol y las tragedias y en este caso se combinaron ambas.

A  medida que pasan las horas y hay más precisiones sobre qué fue lo que sucedió con el vuelo 2933 de LaMia (LMI2933), nos volvemos a encontrar  con el sabor amargo de la mala praxis. Si  bien el término se emplea generalmente en la ciencia médica, mala praxis  se refiere a la responsabilidad  profesional por los actos realizados con negligencia. Un avión con autonomía para 2900 km cuando la distancia entre Santa Cruz de la Sierra y Medellín en de 2970 km sin reabastecer combustible es negligencia. Negligencia que le costó la vida a 71 personas que se embarcaron en ese vuelo persiguiendo un sueño, el del triunfo con el que se premia el esfuerzo. Negligencia que dejó a un pueblo entero casi sin periodistas deportivos, estaban todos juntos listos para cubrir la mejor crónica de sus vidas, esa que no dependía del resultado porque llegar a la final de la Copa Sudamericana en sí misma era la gloria. Negligencia que dejó a 71 familias destruidas por más que el mundo entero se pinte de verde.

Negligencia. Silencio. Negligencia. Dolor. Negligencia. Homenaje. Negligencia.