Carta de Monseñor Torrado Mosconi con motivo de la misa de Luján

“Con Jesús, caminamos hacia la unidad”.

CARTA AL PUEBLO DE DIOS.

Ante los interrogantes que me han manifestado algunos miembros de esta Iglesia diocesana de Nueve de Julio sobre la misa realizada en Luján “por la paz, el pan y el trabajo”, creo que es oportuno hacer públicas algunas consideraciones con el fin de aportar claridad tanto a los fieles, que a veces se sienten desorientados o desconcertados, como ante las autoridades, diferentes sectores, medios de comunicación o tantas personas de buena voluntad que desean y trabajan por el bien común de la nación. 

En primer lugar quiero dejar en claro que la Iglesia no se identifica con ningún partido político ni sector social sino que su misión es anunciar a Jesucristo, Salvador de todos. 

Partiendo de este supuesto, debo afirmar, con el peso de la historia, que desde  los orígenes mismos de nuestra nación, la Iglesia -en su laicado y en su clero- ha estado comprometida y ha sido protagonista de su crecimiento y desarrollo. Con aciertos y desaciertos, nunca ha dejado de estar presente en las coyunturas históricas más cruciales animada por aportar el mensaje y la obra del Evangelio. 

Los pastores de la Iglesia en la Argentina, desde ya hace varias décadas, en el estilo del Concilio Vaticano II y habiendo seguramente aprendido las lecciones de la historia, se han ubicado frente al gobierno y los poderes de turno en términos de independencia y cooperación. Y lo mismo puede decirse respecto de otros factores de poder o actores de la vida social. Si alguna preferencia existe es por los mas pobres, excluidos o las víctimas en cualquier forma. Hoy día es innegable e indudable que esto es así, en la mayoría de los casos. Al mismo tiempo, los fieles que forman la Iglesia, pertenecen a todos los ambientes y sectores de la sociedad. La adhesión política o ideológica  es de lo más variada y se los encuentra en todos los partidos. Por eso debemos rechazar cualquier gesto o dicho que nos identifique con algún partido político.

 

En nuestra misión, según el magisterio pastoral del Papa Francisco, es fundamental el concepto de la “cultura del encuentro”. Él llama a generar y construir esa “cultura del encuentro” a nivel global como alternativa superadora de tantos conflictos y males de la humanidad. Cabe y vale también para nuestra Patria Argentina como respuesta a lo que se ha dado en llamar “la grieta”, esa división profunda que enfrenta a los argentinos y obstaculiza toda solución, crecimiento o desarrollo. Pero ese encuentro tiene reglas de juego muy claras: la honestidad y la verdad son los cimientos fundamentales para construir no solo un encuentro de voluntades políticas o sociales, sino un encuentro verdadero de hermanos, que trabajan por el bien común. 

 

Todo este proceso comienza con  el diálogo. Sin escucha mutua y sin propuestas, sin despojarse de prejuicios y apasionamientos, sin una alta cuota de grandeza de espíritu y sin un compromiso serio con la justicia y el estado de derecho, no podremos salir de esta especie de callejón sin salida en el cual parece que estamos. La misión de la Iglesia es invitar a todos a “sentarse a la mesa y a la luz del día” para encontrase a dialogar. Es la forma de ir logrando consensos superadores, de recomponer los vínculos de un tejido social maltrecho y forjar una cohesión que da fuerza a la vez que hace grande a un país. Si permanecemos divididos, nos condenamos también al retroceso y la decadencia. Tal es el camino para sanar y superar la tan afamada grieta, de la que algunos se quejan, pero otros sacan provecho. 

 

Junto a esto,  hay dos acciones bien concretas que debe impulsar la Iglesia, y que no podemos dejar pasar. Primeramente se trata de la lucha contra el mal de la corrupción en todas sus manifestaciones, tal como suele decir el Papa Francisco “pecadores, sí; corruptos, no”. La otra acción es el cuidado de los pobres, marginados y descartados del sistema. La búsqueda de la justicia, el saneamiento y fortalecimiento de las instituciones republicanas, la exigencia de transparencia deben ser objetivos urgentes y verdaderas políticas de estado. Es imprescindible generar también una “cultura de la honestidad” y proponerla como valor entre las jóvenes generaciones. Asimismo, todas las medidas tanto de protección como de promoción social que, no solamente dignifiquen sino también, remedien la emergencia alimentaria, sanitaria, educacional y laboral de los sectores más postergados, deben ser igualmente “política urgente de estado”. 

Como Iglesia particular de Nueve de Julio, hemos tomado el compromiso de colaborar desde Caritas Diocesana y las distintas Caritas Parroquiales, en un trabajo de cooperación y ayuda, en la difícil situación económico-social que atravesamos. Por eso es central el  contacto cotidiano de la gente de Iglesia con las necesidades y carencias de los más pobres, y esto hace que no podamos dejar de levantar la voz en su nombre y defensa. Bien podríamos decir que la lucha contra la pobreza y la corrupción son dos acciones “no negociables” en esta hora de la Argentina y las dos caras de una misma realidad.

 

Por eso, no puedo dejar de alentar a toda la Iglesia Diocesana, desde sus sacerdotes, hasta el último agente de pastoral, para que juntos trabajemos en el anuncio del Evangelio a todos, “privilegiando a los pobres”, siendo cercanos a ellos, tendiendo puentes de encuentro y de paz, escuchando y haciéndonos escuchar, para que ayudemos, desde nuestra realidad, a la construcción de una patria de hermanos. A aquellos que se sientan desconcertados o confundidos por estos hechos recientes, les ruego que nos ayuden con su oración y corrección oportuna a recorrer caminos de verdad para el bien común de todo nuestro pueblo. 

 

+Ariel Torrado Mosconi 

Obispo de Santo Domingo en Nueve de Julio