Cardio y salud

(Por Fernando “Cocó” Maineri)

El entrenamiento del sistema cardiorespiratorio y de la resistencia aeróbica es una de las bases de la puesta en forma, tanto desde el punto de vista del rendimiento, como de la salud. Un correcto entrenamiento cardiovascular, además de proporcionar beneficios del nivel de la condición física, ayuda al bienestar personal combatiendo problemas de sobrepeso, ansiedad, estrés, etc.

La mayoría de la población activa, que no tiene problemas de salud, persigue dos objetivos con el entrenamiento de resistencia: la mejora de la forma física y/o la pérdida de grasa corporal. Pero para lograrlos, tenemos que orientar nuestro objetivo de forma más específica.

Solo los aeróbicos no alcanzan, es necesario incorporar ejercicios de y entrenamiento de fuerza, corporal y accesorios.

Todo gesto motriz, ya sea de carrera, natación, bici, etc, necesita de una fuerza de contracción muscular. En muchas ocasiones nos fatigamos no por agotamiento del sistema cardiorrespiratorio, sino por agotamiento del sistema muscular. Es muy común que personas sedentarias que inician un programa de entrenamiento, abandonen el ejercicio por fatiga muscular. Una masa muscular activa, produce un elevado gasto metabólico, el músculo es un gran quemador de calorías. Aquellas personas que quieran perder grasa corporal, es aconsejable acompañar al cardio con un entrenamiento de tonificación y fuerza muscular.

La otra pregunta importantes es: ¿primero fuerza y después cardiovascular?

Este orden, es la opción que nos ofrece más ventajas. Para el entrenamiento con sobrecargas, el organismo obtiene la energía casi exclusivamente a través de la degradación de las reservas de glucógeno muscular. Si realizamos después el trabajo cardiovascular, las reservas de glucógeno estarán parcialmente degradadas y el organismo accederá a los depósitos de grasa de forma más rápido para la obtención de energía.

Nos servirá también de trabajo de recuperación muscular ya que el aumento de flujo sanguíneo al musculo realiza una función limpiadora arrastrando sustancias de desecho y aportando nutrientes.

Si hiciéramos primero el trabajo cardiovascular las reservas de glucógeno se degradarían por el trabajo aeróbico, sin apenas involucrar a las grasas. Posteriormente en el trabajo con sobrecargas, aparecería la fatiga por falta de suministro energético, ya que las contracciones musculares intensas no pueden realizarse con energía a través de las grasas.