Cambiar las reglas del juego es el juego, no es un juego

(Por Sergio Onocko, ingeniero agrónomo, Rosario Santa Fé)

En pocos días los argentinos asistimos una vez más al cambio de las reglas de juego. El dólar duplica su valor en pesos y aparecen nuevamente las retenciones para los ingresos de dólares por exportaciones. Todo esto en pleno desarrollo de las actividades productivas que los integrantes de la cadena de valor del campo, encaran luego de dos años muy duros desde lo climático.

Era un secreto a voces. Desmentido mil veces por el gobierno, la reinstalación de algún mecanismo para esmerilar los ingresos del sector productivo. Pedido por amplios sectores de la sociedad que hace rato olvidó, los valores de nuestra Constitución. La ley, el derecho, están en el sistema democrático no para imponer los deseos de la mayoría, sino para defender los derechos de las minorías. Como escuchamos por ahí: si le saco a Pedro para darle a Pablo, no esperen que Pablo se oponga. Que la mayoría piense o crea en algo, no hace que esto sea cierto, ni justo. Una verdad de Perogrullo que deberíamos enseñar, no digo en las escuelas, pero al menos en nuestras familias.

Cambiar las reglas de juego pareciera ser un juego en nuestro país. Pero no lo debe serlo. Los resultados de jugar con esto,  son décadas de decadencia y pobreza de un tercio de la población en un país con grandes extensiones y recursos naturales. El no respeto de las reglas que voluntariamente se fijaron para regular nuestra convivencia, lleva al caos. Es lo que estamos viviendo.

Siempre se recurre a la justificación del cambio de reglas, alegando: razones de fuerza mayor, necesidad de sacrificio o esfuerzo,  y excepcionalidad. Las razones de fuerza mayor podrían entenderse si se hubiera visto en estos años del nuevo gobierno, o ahora mismo, reales medidas para reducir el déficit desde el ajuste del gasto público, por lo que no corresponde. Necesidad de sacrificio es defendible si  y solo si todos los sectores contribuyen. No vemos a la política reducir ninguno de sus privilegios. Finalmente la excepcionalidad no existe en este país, de hecho las retenciones y el impuesto al cheque son dos ejemplos de recursos excepcionales que se han hecho norma.

El sector agropecuario argentino es el sector más dinámico y competitivo del país. Sus fortalezas son muchas pero quiero detenerme en la elevada complejidad e interacción de la llamada “red de redes”. Estas inabarcables relaciones son entre: productor-contratista; contratista-comerciante; comerciante-fábrica; asesores-productores; etc. Cuando se presentan estos violentos cambios (como cuando hubo un shock terrible en el 2001)  hay que defender  el valor de estas “relaciones”, que si bien son intangibles, son altamente significativas para nuestro éxito empresarial y para nuestro bienestar psicológico. Esforzarnos todos por privilegiar estas relaciones sobre el ajuste coyuntural. No es comiéndonos los grandes a los chicos, ni aprovechándonos unos de otros que vamos a salir adelante. En estas situaciones se ve quién es quién. Aprovechen para elegir a la gente con la que hacen negocios, y para cuidar a los buenos, es un activo fundamental.