Blusero de gala

El legendario Botafogo trae su música y sus enseñanzas este fin de semana a 9 de Julio, con un combo de clínica y show.  Historias que trae en sus acordes. Una charla con el gran bluesman argentino.

(Por  Juan Manuel Jara)

 

                Conoció la guitarra de chiquito. A los nueve rasgueó una propia y a los doce enchufó su eléctrica por primera vez. Cinco años después debutó con Pappo como miembro de Pappo’s Blues. La vida lo llevó a diferentes latitudes y a encuentros con talentos de la música como Sabina, Deacon Jones, Antonio Flores, Taj Mahal, entre tantos otros. Pero siempre con el blues como carta de presentación unido a su nombre artístico: Botafogo. Penas transformadas en canciones contadas entre punteos y riffs de guitarras de todo tipo hicieron de Miguel Vilanova, alias Botafogo, alias Don Vilanova, una leyenda viviente del blues argento. En la previa de su presentación de este próximo sábado en 9 de Julio traído por “El Astillero” de Manuel Buseta, dialogamos con el bluesman argentino y vegetariano.

                SEMANARIO EXTRA: ¿Que te mueve para seguir tocando blues?

                MIGUEL VILANOVA: Es la música que más me conmovió, que más me gustó desde chiquito cuando la escuchaba en la radio. Yo tenía una mamá muy radioescucha y todo el día la tenía prendida. Y escuchaba Louis Armstrong, Oscar Alemán y los grupos que iban surgiendo y sus éxitos, The Beatles más que nada y algunas cosas argentinas que empezaban a aparecer de a poco, como Los Gatos, Almendra. Así que eso es lo que me llamó la atención. Y siempre veía que el blues estaba presente. De hecho Pappo, su primera banda se llamo Pappo’s Blues y tocó “Desconfío”, es decir que la impronta blusera ya estaba en el rock argentino. Y así de a poco comencé a ahondar más y más en el blues y es la música que más me enamora.

                SE: Por razones varias has vivido y llevado tu música a distintos países, en los cuales tocaste con músicos reconocidos. Pero contame ¿cómo llegaste con el blues a Japón?

                MV: Ellos son fanáticos del blues. Bueno, en realidad allá hay fanáticos de todo, porque son muchos y tienen mucha plata. Por ejemplo, me enteré que había un club de tango y que tenía más de 1 millón de socios, pagan una cuotita y con eso traen artistas, financian cosas…es impresionante. Y con el blues también. En todas las islas de Japón hay bares para tocar blues. Los que se dedican a tocar blues tienen lugares para tocar, ganarse la vida. El tecladista que tocaba conmigo, que era muy conocido allá, tenía una agenda de cuatro años para adelante, o sea, el tipo sabía dónde iba a tocar y cuanto iba a ganar en los próximos cuatro años. Porque hay un circuito muy grande y en todos lados pagan, gasolina, hoteles, comidas, tu sueldo, un ferry si tenés que usarlo, o un avión, y te permite trabajar muy bien y desarrollarte, y las bandas responden a eso porque sacan discos buenísimos, tienen instrumentos buenísimos, ensayan todos los días.

                SE: Es como la Tierra Prometida.

                MV: Y la verdad que es un país que para nosotros es como ir a Marte, más o menos.

                SE: Imagino que se habrán caído de “tujes” cuando te escucharon cantar blues en japonés ¿no?

                MV: Si, especialmente con Nihon Blues que es un tema en donde yo les agradecía y les decía todo lo que me gustaban, y que quería volver. El otro blues no tanto, porque les hablaba de ecología, del mar, de por qué estamos acá, de si realmente hemos venido a depredar todo y eso ya no les gustaba nada, porque son depredadores de todo lo que haya vivo bajo del mar.

                SE: ¿Cómo escribiste la letra en japonés? ¿Conocías el idioma?               

                MV: Le comenté la idea a la esposa del bajista que me acompañaba en esa primer gira, Gustavo Gregorio, y me dijo “escribila  en inglés y yo te la paso al japonés y te enseño como se dice”. Así que lo compuse,  ella lo pasó al japonés y me enseñó la fonética, porque es muy fácil la fonética del japonés. A la gente le encantaba, se sorprendía. No fue tanto como pasó con “Shimauta” que hizo Alfredo Casero porque ese tema es como cantar acá “Zamba de mi esperanza”, es algo muy tradicional. Además él lo hizo allá en la tv en donde un punto de rating es 1 millón de personas. Yo lo hice en un circuito mucho más chico y ellos valoran el esfuerzo que uno hace por comunicarse. Les gustaba más que cantase en español que en inglés. Me pedían que cante en español. Porque el inglés ya lo conocen y me pasó lo mismo en Estados Unidos, donde me pedían que cantase en español. Y ellos, por más que te esfuerces, que lo trabajes, se dan cuenta que no hablás bien inglés, la arrimás, la masticás, pero nunca SOS Sinatra. En cambio en español ellos notan la originalidad, la naturalidad y eso que parece una desventaja termina siendo una ventaja.

                SE: ¿Cómo va a ser tu show acá en 9 de Julio?

                MV: Habitualmente toco solo, hago un show con mis guitarras acústicas, toco algunas cosas mías de uno de mis últimos discos que se llama “Rock Electroacústico”. Tengo algunas cositas para los campesinos que cultivan cosas al lado de Monsanto que seguramente no les va a gustar. Pero también hago un homenaje al blues argentino, hago versiones de temas argentinos que me gustan mucho, y también la idea es incorporar a músicos locales, así que lo vamos a hacer de la manera que se suele hacer en el blues que es conocernos tocando en el escenario.

                SE: Además del show vas a dar una clínica. ¿Qué es lo que te gusta transmitir?

                MV: Me gusta cuando los muchachos que están ahí están en lo de aprender. Lo digo porque a veces pasa que hay gente más interesada en las anécdotas, “eh, contame alguna con Pappo”, pero por lo general se mezcla. Tengo algunos libros editados para enseñanza y es algo que me importa porque por un lado me hago los libros para estudiar yo, pero también es devolverle al país un granito de arena de todo lo que recibí yo. Y también porque me encuentro con gente que me dice que aprendió conmigo. Me encanta la enseñanza, así que para mí el hoy de la enseñanza pasa por un par de lugares bien definidos: ver a la música en dos lados, en el potrero como lo llamo que es acercarse al blues, y en la escuelita ver los fundamentos de la música. Creo que lo que enseño está muy bien para uno que estudia en conservatorio,  trato de llenarlo de ejemplos de algunas cuestiones básicas que a veces se enseñan de forma escueta en el conservatorio, como los intervalos que para mí son los átomos de la música, y de ahí, los acordes, y lo que aprendí de un maestro mío, Pedro Arturo Aguilar, que era un anarquista de la enseñanza, y me enseñó algunas cuestiones matemáticas para rastrillar las escalas y por supuesto el blues, y como se pueden aplicar esas cosas del blues, y les sigo diciendo que estudien y que se esfuercen. Y a veces se arman clínicas muy lindas y muy jugosas.

                Varios discos, un gran dvd llamado “Blues Maestro”, libros de aprendizaje musical y la posibilidad de verlo tocar sobre un escenario, completan el menú de opciones para disfrutar de este músico que a través de un género lejano en distancia pero no en sentimiento, como el blues, deja su sello y sus sonidos flotando entre la audiencia. Su mote suena a leyenda.

                SE: ¿Por qué Botafogo?

                MV: Es el nombre que me puso Pappo en el `73 cuando empecé a tocar con él, una suerte de bautismo. Que después yo lo cambio por Don Vilanova, que es mi apellido y en realidad tiene un doble sentido: el don que es mi padre, así le decían en el barrio, y el don de tocar. Pappo se llevó el Botafogo y ahora me pongo los pantalones largos y saqué el Don Vilanova. Pero como hay mucha gente que me conoce como Botafogo, igual soy Don Vilanova Botafogo.