Bienvenidos, pasen y vean

(Por Patricia Gorza)

Después de un verano que tardó mucho en despedirse, con días tibios hasta esta última semana de mayo, ya bien entrados en otoño, bajó la temperatura y entramos en modo reserva. Esa época del año donde estamos más tiempo adentro, donde los días son cortos y las camperas pasan a ser un elemento más en la decoración de nuestra casa, pero por sobre todas las cosas este modo reserva que nos ponemos se manifiesta en la cocina. Temporada de guisos y estofados, de sopas suculentas y tortas caseras los domingos. Y como si fuese casi un ritual chamánico a la hora de decidir que hacía para el almuerzo este primer día de frio, agarré la bolsa y salí de compras para el primer guiso de lentejas de la temporada.

La primera parada fue en la verdulería a la vuelta de casa, esa donde me convidan un mate mientras vamos eligiendo los productos. Zanahorias,  papas, zapallo, cebollas blancas y moradas, unos puerros, un par de choclos, un ramito de perejil y morrón. Con la bolsa cargada llegué a lo de Cacha, mi carnicero a la vuelta de la verdulería, otra vez unos mates (así es la vida del interior), un trozo de Roast beaff, falda, chorizo puro de cerdo, chorizo colorado y ya que estamos un trozo de panceta. Pan en la panadería y a la pasada tomates en latas y lentejas del almacén… bue … ya que estamos un vino tinto y un pedazo de buen Gouda para ir picando mientras el fuego y el arte de esta buena cocinera hace lo suyo.

Ya en la cocina y en el despliegue de todos los alimentos fue cuando supe como quería presentarles a ustedes esto que se llama TRANQUERAS ABIERTAS.

Tanto se habla del campo… que si son esto o aquello, que si son oligarcas o chacareros.  Golpistas  o hacen patria. Que si andan en 4×4 o usan cuatriciclos. Que las retenciones, que el glifosato, que lloran, que se inundan, que se secan, que son cerrados, que no se integran con el resto de la sociedad. Que generan riqueza al país o que son negreros y egoístas y una cantidad de cosas más que la lista sería interminable y que tal vez todas son verdad y todas son mentira.

Se habla mucho de campo, pero ¿sabemos de qué hablamos cuando hablamos de campo?  Resulta que estas zanahorias de mi guiso se producen en Mendoza. Papas de Balcarce, cebollas de San Juan, morrones y choclos de La Plata. Perejil de acá nomás cerquita del pueblo.  La carne y el cerdo viajaron poquito. La harina para el pan en cambio… esa sí que dio vueltas. Las lentejas de Santa Fe y el pimentón de Cachi en Salta, donde mi amigo Sergio me manda fotos de cómo lo produce. El queso que tiene nombre de mujer por Andrea de Casares o María de Lincoln que apuestan al tambo. Y esos mates con yerba de misiones y hasta las servilletas de papel cuando puse la mesa de los forestales en Formosa. Y hasta mi delantal tiene 60%  de algodón de Chaco. Y el vino…esta vez del Valle de Uco. Todo eso en mi almuerzo. Todo eso… familias, cooperativas, empresas. Pequeños, medianos, grandes. Ingenieros, veterinarios, peones rurales, obreros de la metalmecánica, camioneros, comerciantes, viajantes, científicos, acopiadores, matarifes, balanceros, tractoristas, alambradores, molineros,  técnicos, electricistas, cosecheros, tamberos, apicultores, enólogos, huerteros, empacadores, y tantos de los que me estoy olvidando ahora. Manos, muchas manos que todos los días se levantan a la mañana, miran el cielo y trabajan en esa enorme fábrica a cielo abierto a la que llamamos CAMPO.

Campo que no es solo soja o vacas. Leche o trigo. Campo… ese que en este hermoso país que se llama Argentina esta bendecido por todos los climas. Tan diverso que son pocos los que llegan a conocerlo.

Así llega “Tranqueras Abiertas”, empezó en una charla de verano con Guillermo y que, sin querer, se fue transformando en el sueño de poder compartir con ustedes los nombres y las caras de todas esas manos que, muchas veces llenas de tierra, están silenciosamente produciendo con pasión, porque producir se trata de eso, de sentir pasión y amor por el terruño sin saber en qué góndola del país o del mundo va estar ese pedacito de corazón que sufrió cuando la piedra, el agua, la seca o un tornado se llevó todo en un santiamén o esa felicidad de la cosecha cuando sale todo bien, esa esperanza de que la próxima va a ser mejor aún.

Les prometo que va a ser un viaje único donde juntos vamos a descubrir de que hablamos cuando hablamos de campo.

El aroma es maravilloso y ya están todos sentados a la mesa. Me despido por hoy, nos vemos la semana que viene con mas, mucho, mucho más.