Batalla de “La Verde”

mitre-en-la-batalla-de-la-verde(Por Paolo Barbieri)

Se terminaba un cálido noviembre y en cercanías del pueblo de Nueve de Julio se estaba por librar una batalla crucial para la rebelión que encabezaba el Gral. Mitre. Corría el año 1874 y los mitristas se negaban a aceptar la derrota en las urnas a manos del ex ministro de justicia e instrucción pública y ahora nuevo presidente Nicolás Avellaneda.

Las discusiones habían comenzado a principio de año con la elección de diputados, los Nacionalistas de Mitre y los Autonomistas de Alsina se disputaban la provincia más codiciada. Mitre había tomado una postura superior, frente al pedido de sus seguidores que se acercaron hasta su casa en el bajo porteño al grito de Revolución, había dicho “la peor de las votaciones legales vale más que la mejor de las revoluciones”.

Ambos competidores se acusaban de haber cometido fraude, pero la templanza momentánea de Don Bartolo contuvo a sus partidarios.

Un mes más tarde, en agosto, las elecciones presidenciales hicieron cambiar drásticamente de opinión a Mitre. Con la derrota consumada y nuevas denuncias de fraude no vaciló, y ante la multitud que agitaba por la revolución dijo “(…) ahora cuenten conmigo, creo que debemos ir a la revolución, cualquiera sea nuestro número. Pero sí creo también que ésta no debe hacerse mientras esté Sarmiento, que preside un gobierno constituido, sino cuando él termine”. Los cambios de gestión se realizaban los 12 de octubre, faltaba apenas un mes, pero los movimientos apuraron la situación y este detalle fue crucial para el resultado final

Los pronósticos de Mitre no fueron acertados, los Generales y Coroneles que adhirieron a su revolución fueron varios, pero muchos lo hicieron sin tropa, por respeto a Sarmiento que aun gobernaba. Así lo hizo el Cnel. Borges por ejemplo, abuelo del famoso escritor; o la negativa del Gral. Julio de Vedia (cuñado de Mitre) a plegarse a los rebeldes.

Así y todo logró adhesión del Gral Rivas que levantó la campaña bonaerense y en cercanías de Azul sumó a la tribu del cacique Cipriano Catriel. De esta forma, tenía el sur bonaerense en sus manos.

El pueblo de Nueve de Julio fue ocupado por fuerzas leales el 22 de noviembre, que limitadas por falta de movilidad tuvo que destinar dos partidas a perseguir a Mitre, las comandaban los Cneles Arias y Lagos. Arias se detuvo a pocos kilómetros en la Estancia “La Verde” de Saturnino Unzué, desconociendo que a su frente tenía al grueso del “Ejército Constitucional” de Mitre, el combate era ya inevitable.

Mitre envió un parlamentario exigiendo la rendición de las fuerzas leales, lo impulsaba la gran diferencia numérica: 5.500 revolucionarios contra 782 efectivos leales. Pero Arias no se amilanó, antiguo subordinado de Mitre en la guerra del Paraguay envió de vuelta al parlamentario para que recuerde a los Grales. Mitre y Rivas y al Cnel Borges, “(…) dígales Ud. que el comandante Arias y sus tropas están resueltos a morir peleando.”

Arias se atrincheró en el casco de la estancia, contaba con su enorme valentía y con los nuevos Remington, las tropas rebeldes avanzaron con sus comandantes a la cabeza. Borges hizo un último intento para convencer a los leales de que depusieran sus armas, pero fue en vano.

La infantería rebelde avanzó y fue recibida con un fuego tremendo, los leales no se movían de sus trincheras pese a los gritos desafiantes de los mitristas. Sabían que en campo abierto no tendrían oportunidad. Las bajas eran numerosas, contándose al Cnel Borges como la más notable, y los contrincantes estaban tan cerca unos de otros que podían hablarse. Mitre se percató de que el triunfo era ya imposible y se ordenó la retirada.

500 bajas para los rebeldes, apenas 40 para las fuerzas leales. Arias inmovilizado por falta de caballos no pudo perseguir a Mitre que se replegó en el pueblo de Nueve de Julio, para continuar al otro día su marcha.

La revolución había sido derrotada, la capitulación se concretó en Junín. Mitre escaparía de una condena a muerte gracias a la benevolencia del presidente Avellaneda que en vísperas del 25 de mayo de 1875 conmutó las penas. Aprovecharía su detención para comenzar a escribir su famosa “historia de San Martín”.