Análisis del campeón, con pasión sanmartiniana

(Por Martín Guaragna – Foto: Silvio Impinissi)

Cuando me propusieron hacer un escrito sobre el campeonato logrado por el Club San Martín, pensé en analizarlo desde la táctica y la estrategia del juego, que también es algo que me apasiona de este maravilloso juego. Creo realmente que lo que voy a escribir será muy difícil hacerlo desde la racionalidad, más que nada lo realizaré desde la pasión por mi maravilloso y mágico Club San Martín.

El equipo deportivamente tuvo un gran comienzo en la primera rueda, una pequeña debilidad sobre el comienzo de la segunda rueda y después regularidad sobre el final del torneo. Una explicación muy discreta pero concisa, mirado muchas veces con la vista nublada, desde la lágrima de algún triunfo de las fechas que pasaban y se agigantaba el sueño.

Un equipo integrado con jugadores todos formados en las inferiores del club, el cual más qué un logro deportivo, le dio al equipo un sentido de pertenencia y amor a la camiseta, diferente al grupo de jugadores. Un punto alto de este grupo fue su técnico, que sorprendió a todos con su capacidad de trabajo, serio, en silencio y con una humildad impresionante, valor que hoy por hoy no se encuentra en el futbol. Siempre recuerdo cuando fuimos a buscar su pase a otro club, siendo muy chico, él ya que se quería venir al club porque sus amigos jugaban en San Martín, eso lo describe como persona, ya que priorizó en ese momento los resultados deportivos o un lugar cómodo deportivamente, puso la amistad por sobre todo el resto, un gesto que mostraba ya de su adolescencia su don de gente.

Este club tiene muchas historias de diferentes equipos campeones, éste específicamente va a tener un lugar distinto en el corazón santo, un sentimiento diferente, ya que muchos de los que caminamos el club, vimos llegar a estos chicos de la mano de un familiar con sus ilusiones de llegar a jugar al futbol. Se los vio correr en los famosos campeonatos infantiles, donde el juego consiste en quien encuentra la pelota patea en una posible dirección para el arco.

Pero el verlos crecer y hoy ver el disfrute de sus almas futboleras, es algo que no se puede expresar en palabras, al igual que las lágrimas desenfrenadas de los simpatizantes o fanáticos más extremos.

Los sentimientos que se me cruzan son muchos, pensar en las personas que ya no están, con quien uno habría festejado alocadamente desde el sentimiento, porque son ellos que nos transmitieron esta pasión desenfrenada por nuestro amado Club San Martín, incomprendida para algunos, envidiada por otros y disfrutada por estos locos que tienen el alma puesta en un sentimiento a un club, ente sin cuerpo que despierta pasiones incontrolables. Algunos dicen que es un amor más grande que el que hay entre las personas.

Para finalizar no voy a agradecer a nadie, ya que los que alguna vez pasamos como dirigentes, trabajamos para disfrutar cada momento nosotros mismos como los niños cuando se les regalan un juguete muy deseado y se les ilumina la cara. El amor a este club es hereditario entre generaciones y sino pregúnteselo a los cientos de familias que disfrutaron de esta alegría que nos brindaron un grupo de muchachos con un líder de carácter y mucho trabajo.

Repito: QUE LINDO ES SER SANMARTINIANO.