Al límite

(Por  Juan Manuel Jara)

Cansado de que le estacionaran en su garaje, un vecino tomó una decisión controvertida que, sin embargo, expone una problemática actual aun sin solución: la irresponsabilidad al volante, el descontrol en la vía pública y la ausencia de controles efectivos.

 

            La semana pasada, la imagen de un hombre con un arma larga asomándose por la ventana del edificio que está en la esquina de San Martín e Irigoyen sacudió esa tarde lluviosa de fines de septiembre. Más que nada teniendo en cuenta que esa es una zona caliente en tránsito a la hora de la salida del jardín de infantes, escuelas y el movimiento de la Clínica que está a mitad de cuadra. La secuencia fue captada en video con un teléfono celular por una mujer que rápidamente lo subió a las redes y se viralizó. Un llamado alertó a la Policía y varios efectivos llegaron al edificio donde sin problemas fueron recibidos por el “hombre del rifle”, Eduardo Pérez Alati. ¿El motivo de su accionar? El hartazgo de que le estacionaran un vehículo en la puerta de su garaje.

            Hay un contexto que da para debatir, porque el hecho, si bien extremo, marca una problemática actual y aun lejos de resolverse. Basta transitar diariamente por las calles de nuestra ciudad para encontrarse con autos mal estacionados, rampas para discapacitados bloqueadas, motos en contramano, gente en moto y sin casco, conductores al volante y hablando por celular, camiones de reparto haciendo su trabajo fuera de horario, y podría seguir enumerando más ejemplos.

            El incidente Pérez Alati reavivó un tema muy comprometido, generó  polémica y si bien tuvo muestras de repudio también hubo quienes apoyaron su accionar.

            Entrevistado en nuestro programa radial “Un Plan Perfecto”, Pérez Alati reconoció que la imagen suya con un rifle no fue la mejor, pero también que su accionar respondió a un hartazgo porque según comentó hizo “más de cien denuncias en la Municipalidad” cansado de aquellos conductores que “suelen estacionar en los horarios pico, de salida del colegio o los camiones de carga y descarga para la heladería”. También Alati dijo que “no sería un inconveniente si una persona tiene una urgencia de estacionar, solo deberían tocar el timbre de mi departamento. No tengo por qué no hacer una gauchada, tenemos que ayudarnos, pero a mí me pegaron palos desde hace ocho años”. Andaba enojado y también le pegó al Jefe de Tránsito Agrati. Aunque no recomienda hacer lo que hizo, reconoce que fue un accionar extremo.

            Las formas de este caso llamaron la atención, pero puso sobre el tapete un tema que hasta ahora no tiene vistas de tener una solución. En 9 de Julio el tránsito sigue siendo un problema. El gobierno de turno no le encuentra la vuelta, pero tampoco la culpa es toda de la administración municipal. Hay cuotas partes repartidas. El tránsito lo hacemos entre todos, rezaba el slogan de una campaña nacional de años atrás. Y no importa el tamaño o modelo del auto, la mayoría incurre en infracción. A los agentes de tránsito los vemos en acción diariamente, pero muchas veces preocupados mas por llamar la atención a fuerza de conciertos callejeros de silbatos de aquellos que están estacionados en doble fila que, a manera de ejemplo, infraccionar a aquel que va hablando por celular mientras conduce. Y deberían ampliar su zona de control a varias cuadras a la redonda del radio céntrico. Pero ellos tampoco son el problema. Cada conductor es responsable de su accionar en la vía publica. Porque no se respeta, por ejemplo, una zona en la puerta de un instituto educativo pintada para ascenso y descenso de chicos con discapacidades motoras, y siempre aparece un personaje (hombre o mujer, da igual) que deja su vehículo en ese lugar, ocupándolo total o parcialmente, mientras va a hacer su rutina física al gimnasio de la cuadra o debe realizar un trámite en una escribanía lindera. Y cuando se le hace notar su falta, esta persona se “indigna”, se siente “presionada”, siendo ella la que está en infracción. Actitudes como esta y acumuladas, generan reacciones como las de Pérez Alati, que fue una mas de tantas otras que ocurrieron, o si no recuerden la vecina de Capital Federal que, también cansada de lo que le pasaba, agarró a hachazos un auto que obstaculizaba la salida de su garaje. Métodos  extremos, sin dudas, poco recomendables. Pero…pregunta incómoda número

1: Cuando ya agotaste las formas de reclamo “tradicionales”, y sigue pasando lo mismo ¿qué más queda? Empatía se llama. Respeto, podría agregarse. Sentido común, también. Cuestiones ausentes mayoritariamente en el transitar diario por la vía pública. Y en este mismo país (no hay que hablar de alguno del primer mundo) hay lugares, ciudades o pueblos, donde sus habitantes respetan las leyes de tránsito, el que va en moto usa casco, se frena en las esquinas, etc. Y entonces llega la pregunta incómoda número

2: ¿Por qué acá en 9 de Julio no se puede lograr eso? Se dice que el tránsito es un reflejo de cómo somos como comunidad. Si es así, no habla muy bien de nosotros.